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En Ostende, una Nochevieja en el vestíbulo de un viejo Hotel aparece Minetti, actor convocado por el Director del Teatro de la ciudad para interpretar El Rey Lear. Él también fue Director de  un teatro en un pequeño pueblo en la frontera con Dinamarca. Pero el Director no llega y Minetti habla sin parar haciendo balance de sí mismo, de su vida, de la vida. Cuenta cómo le habían cesado de su cargo en el teatro porque había renegado de la literatura clásica. El trae su propia máscara de Lear, hecha por Ensor en esta misma ciudad, fabricada especialmente para él. La noche avanza, el día se va. El director no llega y él no interpretará jamás a Lear. Al final solo, sacando de la maleta la máscara que Ensor realizó para él, se la coloca en la cabeza y, superando sus obsesiones frente al mar de Ostende, tomándose una pastilla, espera la muerte. Mientras, los huéspedes del Hotel celebran la entrada del Año Nuevo.

SOBRE LA OBRA

Esta pieza teatral está basada en un auténtico e histórico actor alemán, Bernhard Minetti (1905-1998 ), quien en 1976 inspiró al dramaturgo Bernhard este casi monólogo de musicalidad infernal. Este actor interpretó obras de Shakespeare, Genet, Shiller,
Pinter y Beckett, y no abandonó la escena en setenta años de profesión.
El escritor utiliza al actor en su esencia y no le preocupa su biografía. Tiene más vocación por mostrar sus ambigüedades y sus abyecciones, al tiempo que nos le presenta como gran despreciador del régimen nazi, del que no cesó en denunciar su indeseable resurgimiento.
Bernahrd compone para Minetti este sombrío y patético concierto, en que la
orquesta dirigida por un solista a veces furioso, a veces frágil y endeble, se diluye poco a poco en un mortal silencio, mientras alrededor reina la alegría.  El actor muere vampirizado por su arte en la calle, donde el artista dramático tiene su reino.

SOBRE EL MONTAJE :

Tanto el actor Juan Carlos Moretti como yo, con el ánimo de acercarnos lo más posible a este texto, comenzamos solos el trabajo, desarrollando los hábitos de nuestra costumbre y de nuestro método, estudiando el texto, leyéndolo en voz alta, buscando los ritmos y las sonoridades, tratando de descifrar los pequeños enigmas o los grandes conflictos con los que cuenta cada autor teatral, y que en el caso de Bernhard son más usuales que en otros.

Trabajar sobre un texto de Bernhard es siempre construir un edificio sobre uno ya edificado. La figura del protagonista se fue agrandando al mismo tiempo que los personajes y la escenografía desaparecían. Se fueron insertando en el trabajo, fundiendo en la lectura que el Actor y el Director tienen habitualmente en los primeros ensayos, y los personajes se convirtieron en los fantasmas que deambulaban por la geografía de la mente de Minetti. La enfermedad, la pérdida de memoria, la muerte, el cansancio, la demencia, la vejez, la juventud, el amor, el nazismo, la intolerancia ect. ect., todos eran los fantasmas de su vida. La estructura del montaje tomó cuerpo. No eran necesarios actores que interpretasen a personajes, ni escenografía que ilustrara sueños imposibles. Sólo existen Actor y Director, que son el Protagonista y el Antagonista, los elementos imprescindibles para el Teatro.