





ESTRENO 19 DE MAYO 2001 - IIº FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO DE CALLE DE VALLADOLID
Un ejército de ocupación a la vez divertido e inquietante. Un golpe de estado a la imaginación. La violencia reconducida hacia lo lúdico. La reflexión surge del juego.
Este espectáculo de calle que presenta AZAR TEATRO realiza una reflexión sobre la guerra y los totalitarismos a través del humor. Cinco soldados-clowns, tres vehículos militares y una banda sonora envolvente que forma parte de la acción, son los protagonistas del espectáculo.
Esta propuesta callejera es la segunda, con independencia de los trabajos de animación en calle específicos que AZAR TEATRO realiza, que acometemos bajo códigos de lenguaje que son propios del ámbito de la calle y con capacidad para integrar un mayor número de espacios urbanos en el formato de un espectáculo, abordando un tema de absoluta actualidad induciendo a la reflexión a través de la metáfora y el humor.
War & Wash consta de una parte itinerante y una parada posterior. Al comienzo de la acción los soldados se interrelacionan con el público imponiendo su sistema de orden y control
Así durante la itinerancia y el principio del espectáculo el humor es el protagonista absoluto y los gags cómicos se suceden imprimiendo a la acción un ritmo trepidante y un juego continuo con el público. A medida que avanza la acción la participación de público es mucho más activa y comprometida. Utilizando recursos totalmente lúdicos se hace una reflexión sobre las consecuencias de la guerra que han marcado este cambio de siglo y que son, tristemente, un distintivo de nuestra época.
Un pequeño grupo militar llega a la población. Su intención es ocuparla en el sentido bélico del término. Mostrar el poder de convicción de su fuerza e inmolar públicamente a quien, con ayuda de la masa popular, se ha decidido señalar como víctima culpable.
Estos personajes con piel de clown, de payaso cuyos rasgos están labrados en la cara, no maquillados, ejecutan con su peculiar carácter un papel represor, efectuando registros a las personas y las cosas, censurando carteles, clausurando locales y viviendas, arrestando mobiliario urbano y creando fronteras de una parte de la calle a otra. Además durante su periplo, despliegan todo su potencial propagandístico: octavillas, música militar y vociferantes discursos.
